| Es lo
mismo que decir "le salió lo que no esperaba". Se emplea cuando un asunto ha
salido mal o cuando una persona es traicionada por otra.
El
origen de este dicho no se conoce, pero se cree que alude a la pesca y por
contraposición al pez. Algunos expertos creen que está asociado a la frase salga
pez o salga rana, ¡a la capacha!, que recitaban los pescadores cuando lanzaban
la caña al río o cuando algo mordía el anzuelo.
Otros
autores aluden a la decepción que
de antiguo debían llevarse los niños
que pescaban en las charcas formadas por
las lluvias. A los pocos días de
caídas éstas, en las aguas
estancadas comenzaban a aparecer renacuajos,
y los más pequeños, como pasatiempo
para divertirse, solían capturar
esa especie de pececillo pequeño,
sin patas y con cola que respira por branquias.
Los pescaban como peces y los guardaban
en un bote con la ilusión de que
en un futuro cercano habrían de ser
los poseedores de peces mucho más
grandes. Tan enormes como la decepción
que sufrían cuando el pececillo les
salía rana a pesar del esmero puesto
en que les saliese pez.
Conviene
destacar que el dicho se usaba antaño
en la lengua coloquial para referirse a
las esposas infieles. Como la facultad más
conocida de este anfibio es saltar y escurrirse,
se decía que la mujer había
salido rana cuando se escabullía del
hogar para ir a visitar a su amante. En
este supuesto, la decepción del esposo
engañado también era mayúscula,
pues a pesar del empeño puesto por su marido al contraer
nupcias, la mujer (adúltera)
no respondió a las esperanzas
depositadas en ella.
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