| Aunque bien es cierto que
el lince posee una magnífica agudeza visual, el origen de este dicho nada tiene
que ver con este felino.
Según el erudito padre Feijoo (1676-1764), la expresión
alude a un tal Linceo, hijo de Alfareo, rey de los mesenios, de quien se decía
que era capaz de ver y contar a simple vista, desde su atalaya de Libia, los
barcos de una flota de guerra que saliese de Cartago. La distancia entre los dos
puntos era de unos 240 kilómetros.
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