| Con esta
expresión se pondera la valía de un individuo y hace alusión al peso en oro o
plata del aludido.
Parece ser
que el dicho procede de ciertas leyes antiguas que se aplicaban en los pueblos
bárbaros del Norte. Una de ellas castigaba al asesino de una persona a pagar a sus
parientes o herederos tanto oro o plata como pesaba el cadáver. A veces, esta
cantidad no era suficiente para apaciguar el dolor de los parientes de la
víctima, por lo que el reo tenía que añadir unos cuantos kilos más de los
preciados metales si no quería morir.
Este uso no
tardó en ser copiado en otras regiones del Viejo Continente para castigar a los
condenados, pero también se propagó entre la gente piadosa y devota, con el fin
de librarse uno o librar a otro de una enfermedad o una situación indeseable. De
esta forma, se puso de moda ofrecer a un santo el peso del afectado en oro,
plata, trigo,... Así, por ejemplo, Chacarico, rey de los suevos, hizo pesar en
oro y plata el cuerpo de su hijo enfermo y que se enviara la suma a la tumba de
San Martín, con la esperanza de que este santo le curara. |