| Se refiere
a la reconciliación de dos personas que previamente han dejado de hablarse por
alguna discordia. La expresión aparece en 'La Iliada' a propósito de la disputa que
mantuvieron Paris -hijo del rey troyano Príamo- y Menelao por la posesión de Helena de Troya, esposa de este
último. Mientras éstos reñían, los griegos y troyanos se reunieron para hacer
las paces. Como señal de amistad, trajeron unos corderos para ser ofrecidos en
sacrificio a los dioses y, como primera ceremonia, les cortaron unos pelillos
que se repartieron entre los príncipes troyanos y aqueos.
Resulta
curioso resaltar que el dicho pelillos a la mar era muy utilizado por los
niños para sellar un pacto o confirmar un trueque. En este sentido, Rodríguez
Marín, en su obra 'Cantos populares españoles', cuenta que en Andalucía, los niños, para sellar las
paces, se arrancaban un pelo y, sujetándolo entre los dedos, decían lo que
sigue:
--¿Aónde ba
ese pelo?
--Ar
biento.
--¿Y er
biento?
--A la
má.
--Pos ya la
guerra está acabá.
Y,
soplándolos, pronunciaban la frase:
pelillos a la mar. Señal
de que todo queda olvidado y se restablece
el trato amistoso.
El
motivo
de los pelos es porque estos son tenidos
por poca cosa, como ya reflejan otros dichos
tales como No tener un pelo de tonto,
Por un pelo o De medio pelo. -Incluso para minimizar
aún más el asunto y acentuar
la idea de que el motivo de enfado o desazón
es muy leve y se debe despreciar por completo
se utiliza el diminutivo pelillos.- Y lo
del mar es porque el viento, tarde o temprano,
llevará esos pelillos a los arroyos,
a los ríos y finalmente al mar, representación
de la inmensidad de lo indistinto y gran
asimilador de la individualidad. ("Nuestras
vidas son los ríos que van a dar
en la mar, que es el morir..." -Jorge
Manrique-, "A la mar van a parar, morena,
todos los ríos, y allí se
irán a juntar tus amores y los míos"
-Antonio Machado-.)
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