| La
expresión se atribuye al rey francés Enrique IV (1553-1610) y se utiliza cuando,
para conseguir una meta o alcanzar un objetivo, se debe renunciar a algo muy
esencial.
Hipotéticamente, la frase la pronunció este monarca de la dinastía
borbónica cuando decidió adjurar del protestantismo para convertirse a la
religión católica el 25 de julio de 1593. De esta forma, se despejaba el camino
hacia el trono, al ser aceptado por los católicos, y podía hacer su entrada
triunfal en París.
Hay
autores, como Eduardo Fournier, que sostienen que Enrique IV jamás llegó a
pronunciar la frase, aunque sí la hubiese pensado. No obstante, es posible que
se dijera otra parecida cuando un día el duque de Rosny le preguntó al rey por
qué no se decidía a ir a misa. Para animarle, le dijo lo siguiente: "Señor,
señor, la corona bien vale una misa". |