| Esta
expresión se aplica a las leyes o circunstancias excesivamente severas. Su
origen se encuentra en las leyes de Dracón, primer legislador ateniense que
vivió a finales del siglo VIII a. de C.
Dracón,
célebre por la crueldad de sus leyes, recibió el encargo del emperador de Grecia
de redactar el código criminal ya entonces vigente sólo por la tradición. Es
pues de suponer que la crueldad de Dracón, más que personal, fuera el fiel
reflejo de la época bárbara e inhumana que le tocó vivir. La legislación
draconiana castigaba casi todos los delitos con la pena de muerte. Popularmente
se decía que las leyes de este legislador no estaban escritas con tinta, sino
con sangre. |