| Modismo que
se emplea para indicar que una persona ha aceptado un desafío.
Su origen
hay que buscarlo en el antiguo ritual de los duelos.
Para desafiar o retar a un
adversario, generalmente por razones de honor, el caballero ofendido arrojaba el
guante. Si la otra persona lo recogía, daba a entender que aceptaba el
reto.
Igualmente era posible, después
de la afrenta real o imaginaria, que el
ultrajado y sus partidarios reclamaran satisfacción
del ofensor, explicitando la demanda con
un gesto insultante ante el que era imposible
permanecer indiferente: abofetearle [al ofensor]
en el rostro con un guante.
Costumbre originaria de la Edad Media,
proviene de cuando alguien se ordenaba caballero,
donde este recibía una palmada ritual
en la cara simbolizando la última
vez que la aceptaría sin devolver
un desafío. Por tal motivo, cualquiera
que fuese golpeado con un guante (arrojar
el guante al suelo simbolizaría lo mismo) estaba
obligado a aceptar el duelo, o quedar deshonrado
para siempre por cobardía o descrédito.
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