| Para algunos autores, estos
dos vocablos, que se usan para referirse a unas personas indeterminadas o
imaginarias, derivan de la corrupción de Fabulano y Statano, que eran, entre los
gentiles, dioses de los niños. El primero era invocado para que les enseñase a
hablar, y el otro, a andar.
En español se señala comúnmente a los desconocidos como Fulano, Mengano, Zutano o Perencejo, voces que, en su mayor parte, representan legado árabe en nuestra lengua. El Diccionario ofrece diversas acepciones para fulano o fulana y traza su origen al árabe 'fulan' (un tal) para también acotar que aplica a "una persona cualquiera", a "persona cuya identidad se ignora, o no se quiere decir; individuo" y, en su acepción femenina, alude a una "prostituta".
Ya en la Edad Media autores españoles como Gonzalo de Berceo y Alfonso X el Sabio empleaban el vocablo para aludir a un nombre real sin mencionarlo.
En la historia de esta palabra hay también alusión a la posibilidad teórica de que provenga del hebreo 'feloni', que significa "cualquiera".
De mengano o mengana, se nos indica que parece provenir del árabe 'man kan' (quien sea, cualquiera), que se usaba en el lenguaje notarial para aludir a persona de nombre desconocido. A zutano o zutana se les atribuye origen onomatopéyico al pensarse que provienen de las expresiones 'cit' o 'zutl', empleadas para llamar la atención de alguien cuyo nombre se desconocía y así a Don Zutl se le añadió la terminación común a las dos palabras antes explicadas para convertirse en zutano. En español, a veces hablamos de Don Fulano o Doña Fulana, expresión paralela a Don Zutl, aunque muchas veces cargada de desprecio.
En cuanto a perencejo o perengano (perenceja o perengana) proviene del apellido español por excelencia, de ese Pérez tan común a muchos y muchas. Con toda probabilidad, señalan los etimólogos,
llegó primero perencejo para luego cruzarse el Pérez con el común mengano. El Diccionario de la Real Academia Española remite de perencejo a perengano para entonces ofrecernos su definición como expresión de uso común para aludir a alguien cuyo nombre se ignora o no se quiere expresar después de haber aludido a otra u otras personas con palabras de igual indeterminación, como fulano, mengano, zutano.
Fulano puede andar solo en las expresiones hispánicas, pero no así mengano y zutano, quienes suelen acompañar frecuentemente a fulano. Ahora bien, mengano va siempre antes de zutano. Es decir, que fulanito, menganito y zutanito sólo salen a pasear en estricto orden alfabético y, a veces, se les une a última hora y a toda carrera el famoso perencejo. |