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EL
ESOTERISMO DE
LOS CUENTOS DE HADAS
(T.
Hormaechea)
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Tras la aparente inocencia
de los populares cuentos de hadas se oculta una simbología que trasciende la
mera linealidad de la narración. Casi todos ellos suponen pruebas iniciáticas
para el o la protagonista, que debe superar los obstáculos más difíciles con el
fin de alcanzar su culminación espiritual. 'Blancanieves' bajo el signo del siete o
'La Bella
Durmiente' bajo
el doce, son ejemplos del mágico simbolismo que esconden los cuentos. |
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El hombre,
orgulloso de sus logros tecnológicos, ha espantado al mundo de los elementos,
arrinconándolo contra las cuerdas de un duro psicologismo y venciéndolo sin
remedio. Sin embargo, a poco que nos descuidemos, los cuentos reaparecen, a
veces enmascarados, otras, a cara descubierta.
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¿Qué yace
oculto en la intimidad de esos cuentos en apariencia tan inocentes, tan
infantiles? ¿Qué sucedería si realmente fuéramos capaces de erradicar de nuestra
mentalidad, invadida por el ordenador, los aleteos de unas hadas benéficas o los
gruñidos amenazadores del ogro simbólico?
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| Extrañará
el hecho de que hasta hace algún tiempo los cuentos de hadas se contaran no
solamente a los niños sino también a los adultos. Por las noches, cuando aún no
se enseñoreaba de ellas la televisión, niños y adultos se reunían y los cuentos
de hadas pasaban de boca en boca para encanto de todos. Porque los cuentos
llevan en sí todos los elementos del mito y la tradición que los hacen
increíblemente fascinantes. En un hermoso artículo sobre la tradición, Antonio
Medrano la compara a un hilo de oro que recorre, enriqueciéndolos, los
diferentes momentos de nuestras vidas.
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| Es hora de
que comencemos a preguntarnos por qué el mito del superhombre, por ejemplo, que
ha cubierto con una máscara su faz de Hércules para convertirse en Superman,
sigue planeando sobre nuestros momentos de ocio. A poco que indaguemos sobre la
razón de la persistencia de todos estos arquetipos invencibles, hallaremos esa
veta conductora, ese "hilo de oro" que va formando una ruta y una trama
fundamental para nuestro psiquismo. |
| La
necesidad no es sólo de los niños
No
solamente el niño necesita de la ilusión que entrañan los cuentos de hadas. Los
adultos también. Si analizamos los "culebrones" de la televisión hallaremos en
ellos todos los elementos del cuento de hadas. Recontados en forma "light", por
supuesto, pero sin poder ocultar su origen en las peripecias de una Cenicienta o
de una Blancanieves.
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¿Qué tienen
entonces estos aparentemente inocentes relatos que captan de tal modo el interés
y la afectividad de todos?
Todos los
personajes de los cuentos tienen un profundo significado esotérico: los
elementos son símbolos, repletos de intimidades reveladoras, y las aventuras que
en ellos se narran responden a antiquísimos rituales iniciáticos.
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Es
indispensable que un cuento de hadas tenga un final feliz, lo que no sucede con
las sagas. Las sagas son relatos históricos y aristocráticos que narran,
habitualmente, hechos heroicos. El héroe, en las sagas, puede morir. En los
cuentos de hadas no existe la muerte para sus héroes, y si alguno de ellos es
muerto accidentalmente, de inmediato se ponen en marcha poderes sobrenaturales
para volverlo a la vida. Los contenidos de las sagas son generalmente
folklóricos y no míticos, por lo que no se perturban si sus héroes encuentran un
desenlace dramático. Por el contrario, el cuento de hadas no integra elementos
históricos, sino que se mueve totalmente en un mundo mágico. Las gentes, los
animales, hasta el sol y la luna se transforman, hablan, aparecen o desaparecen,
los bosques y todo lo que contienen pasan de la vigilia a un sueño de muchísimos
años y luego otra vez a la vigilia feliz, de acuerdo con las necesidades del
relato. El héroe y la heroína se encontrarán al final de la narración, se
casarán, y "serán felices y comerán perdices".
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Una
aparente excepción a esta regla sería la versión de 'Caperucita Roja' que nos da Perrault. En ella, el
cuento termina cuando el lobo, habiendo hecho entrar en confianza a la niña a
través de la imitación de la voz de la abuela, se lanza sobre Caperucita y la
devora.
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Perrault no
concibió este relato como un cuento de hadas, sino como una moraleja folklórica,
para enseñar a los niños a desconfiar y a no entretenerse cuando se les
encomienda una tarea. De los cuentos de hadas tomó solamente el hecho de que un
animal puede hablar. Pero ya en la versión de los hermanos Grimm, el relato se
convierte en un cuento de hadas, introduciendo la figura del leñador que mata al
lobo y, abriéndole la barriga, libera a Caperucita y a su abuela. Desde
entonces, la sabiduría supraconsciente de los narradores ha elegido el final
adecuado.
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Las
pruebas iniciáticas
Las pruebas
que tienen que superar el héroe y la heroína son siempre símbolos profundos del
camino iniciático. Al ir sorteando las amenazas o al soportar con dulzura y
resignación las humillaciones e injusticias, los personajes van logrando su
alquimia espiritual.
De la misma
manera que el filósofo hermético repite una y otra vez, sin cansarse, los pasos
que lo llevarán a completar la Gran Obra, transmutando su plomo-materia en puro
oro espiritual, Cenicienta logra su transmutación final a través de una serie de
pruebas cotidianas que soporta con dulzura, sin perder nunca su buena voluntad
hacia quienes la ofenden.
Ésta es una
clara alusión a la necesidad que tenemos todos de aprender de cada situación que
nos ofrece la vida, sea ésta agradable o desagradable, hasta lograr que todo
nuestro ser se eleve espiritualmente hacia la luz de la felicidad última e
imperecedera, aquella que surge de nuestras buenas acciones y de la pureza y
dulzura de nuestro corazón.
En cuentos
sencillos, aparentemente inocentes, se esconde toda la enseñanza esotérica de
las religiones, haciéndonos revivir la "edad de oro" mítica, en que los hombres
hablaban y se comunicaban con los animales, encontrando un auténtico Paraíso
Terrenal en que vivir. Siempre los
temas rondan alrededor de un héroe o heroína que soportan graves angustias y
tienen que enfrentarse a poderes titánicos. Para vencerlos podrán ser ayudados
por otra serie de fuerzas sobrenaturales. Así hacen su aparición las hadas, los
gnomos, los pájaros hablantes, y la aventura transciende del plano natural al
supranatural, cobrando toda su importancia mística. El final feliz es una
expresión de todas las enseñanzas esotéricas que nos dicen que la única
verdadera felicidad se halla en la superación de los obstáculos materiales
enquistados en nuestro más íntimo yo.
La
alquimia y los cuentos
Se
ha hablado
de la alquimia, y será necesario recordar que la formación del cuento de hadas
ha sido notablemente influenciado por el Oriente y la cultura árabe que penetró
en Europa por España. Estos elementos tienen su origen en la mencionada
alquimia, que ha marcado los cuentos de hadas con los símbolos del oro y la
plata, el rey y la reina, y que finalmente patentiza en la unión del
héroe-heroína el logro del Andrógino, la unidad final y definitiva. La increíble
atracción que ejercen los cuentos de hadas se debe a que nos revelan una
naturaleza íntima que está llena de posibilidades morales, psíquicas y
espirituales, en forma clara y sencilla, pero repleta de atractivo y poesía.
Hacen que nuestro espíritu se ensanche con la promesa de un final feliz, logrado
en la integración personal y en la unidad última enriquecedora. Con su dulzura,
los personajes de los cuentos de hadas nos dan una lección de paciencia y
bondad.
Cenicienta
ayuda con afectuosa dedicación a la tualé de sus hermanastras, que parten para
el baile sin hacerles una zancadilla, y sentada entre las cenizas del hogar,
próxima a la chimenea que es símbolo de la comunicación entre el cielo y la
tierra, no se queja ni se venga. Blancanieves, injustamente agraviada, no
organiza una acción "comando" con los siete enanos para asaltar el castillo de
la bruja malvada a punta de armas, auténticas o improvisadas.
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Todas estas
peripecias son símbolo del camino místico, rodeado de sombras en la parte
inicial del trayecto, pero aliviado luego progresivamente hasta la iluminación
final. Recordemos lo dicho por Mircea Eliade, ese profundo conocedor de los
mitos y el esoterismo: "Todo ser humano desea experimentar ciertas vivencias de situaciones
peligrosas, enfrentar tribulaciones excepcionales, penetrar en el otro mundo, y
se puede experimentar todo esto leyendo u oyendo cuentos de
hadas".
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Se ha
alegado que el cuento de hadas es excesivamente pueril, que su simbolismo es
demasiado simplista y lleva al niño a menospreciarlo, sintiéndose superior
cuando considera que "ya ha pasado esa etapa de niñito". Sin embargo, cuando el
niño escucha y el adulto narra estas historias, los rodea un clima de magia y se
les revela una sabiduría de la cual es muy difícil sustraerse.
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Para captar
en su totalidad la necesidad que nuestro espíritu tiene de estas narraciones, no
tenemos más que recordar el hecho de que en muchos países de Oriente son muy
populares aún los narradores de cuentos. Modernamente provistos de un artilugio
para amplificar el sonido de su voz, narran continuamente los mismos cuentos a
una multitudinaria audiencia que los escucha embobada una y otra
vez.
Si se
fuerza a los niños prematuramente a aceptar sin descanso el mundo materialista
que los adultos hemos forjado, sus ideas y conceptos, en años posteriores,
carecerán de fuerza y de imaginación. Dice el esoterista Rudolf Steiner que los
conceptos abstractos de los cuentos pueden convertirse en imágenes. Al
contemplar una imagen se involucra también nuestro sentimiento, y si la imagen
es verdadera tiene un efecto armonizante sobre nuestro cuerpo: es curativa y nos
hace bien.
No hay que
impedir que el niño utilice su fantasía: si lo hacemos, toda su vida espiritual
perderá fuerza y le veremos deprimirse progresivamente.
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El
significado oculto de los cuentos de hadas
Es
interesante introducirse en la significación de los elementos y personajes de
los cuentos. Esto nos aportará datos adicionales sobre su
importancia.
En
'La Bella
Durmiente del Bosque', la rana que pronostica a la reina (atribulada porque no tiene hijos)
que pronto dará a luz una niña, simboliza, al vivir en el agua y en la tierra
firme, la facultad de captación de la atmósfera espiritual, y es por lo tanto
augur del tiempo que vendrá.
"A la
princesa recién nacida la rodean en la fiesta doce hadas. Pero las hadas del
reino eran trece, y sucedió que el rey y la reina sólo tenían doce platos de oro
para servirlas, así que dejaron de invitar a una."
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Doce son
los signos del zodíaco, por los cuales recibía el hombre su sabiduría. Las
mujeres sabias o hadas personifican las fuerzas que se ejercen entre el cielo y
la tierra. Pero ¿y la decimotercera? Antiguos mitos hablan de un consejo de los
dioses que constaba de doce consejeros y un decimotercero: Loki o Ludur, el
exterminador, el Lucifer de los nórdicos, que siempre mantiene cierta oposición.
De puntillas, el mito se cambia las ropas por las de las hadas y se mete en el
cuento. |
| "Al terminar el banquete cada una
de las hadas concedió una gracia a la niña. Cuando ya once habían hablado se
presentó la decimotercera, que exclamó: La princesa se pinchará con un huso el
día de su decimoquinto cumpleaños y caerá muerta". Pero el hada número doce no
había hablado todavía y para anular la fatal sentencia se adelantó y dijo:
"La niña no
morirá, sino que quedará dormida en un sueño profundo que durará cien
años". El hada
decimotercera simboliza la Tierra, que lleva dentro de sí el aguijón de la
muerte. |
| Cuando el
príncipe llega a despertar a la Durmiente, nunca se aclara de dónde viene, pero
viene a cumplir el destino. 'La Bella Durmiente' es un cuento sobre el
destino.
Blancanieves
"La
reina cosía junto a una ventana. Caían los copos de nieve. Mirando caer la nieve
la reina se pinchó un dedo. El rojo de la sangre se destacaba sobre el fondo
blanco: ¡Ah! si pudiera tener una niña blanca como la nieve, de labios rojos
como la sangre y el cabello negro como la madera de ébano".
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La nieve
cae del cielo, y su blancura siempre ha sido connotación de pureza. La imagen
"rojo como la sangre", ¿no nos trae a la memoria el corazón? La niña será de
corazón afable y sensible. El negro de los cabellos alude a la fortaleza de la
que luego tendrá que hacer alarde para superar sus tribulaciones. Cuando la
reina muere y aparece la madrastra, el espejo es el Gran Consultor:
"Señora reina,
eres como una estrella, pero Blancanieves es mil veces más bella". Esotéricamente, el espejo es
el ojo universal que todo lo percibe. Decimos, cuando se trata de autojuzgarse:
"Hay que ponerlo frente a un espejo". El espejo es la conciencia de la reina,
que le grita la verdad. |
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La
madrastra echa a Blancanieves del castillo, así como el hada mala de la Bella
Durmiente deja su profecía, pero ¿son malas en realidad? ¿o son simplemente el
instrumento del destino para que las heroínas encuentren la
felicidad?
Blancanieves tiene siete años, encuentra a siete enanos que hacen
siete preguntas, la camita adecuada para ella es la número siete... 'La Bella
Durmiente' es, esotéricamente, el cuento del doce, la cifra del espacio;
'Blancanieves' es el cuento del siete, la cifra del tiempo, y en 'Caperucita Roja',
la criatura terrestre, ya no hay número alguno. Blancanieves es más bella que la
reina porque ésta simboliza la belleza terrestre, y Blancanieves la belleza del
alma surgida bajo el influjo de la nieve. Se pincha con el peine ponzoñoso que
le trae la madrastra, pero los enanos ponen remedio (hay que recordar que
también la Bella Durmiente se pincha con el huso). Aquí es la imagen del mundo
terrenal obrando como espina irritativa sobre el mundo del alma. Finalmente,
aparece la manzana, el fruto de la Tentación, que sume a Blancanieves en un
profundo sueño, encerrada en su ataúd de cristal, imagen de la forma en que el
alma humana se halla hoy en el mundo.
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'La Bella
Durmiente', 'Blancanieves' y 'Caperucita Roja' son cuentos arquetípicos, cuyo tema es
el destino, el descenso del alma desde las regiones etéreas hasta las terrestres
y su posterior ascenso, ya purificada y transmutada. Éste es el mundo de
fantasía que no debemos dejar perecer y que nos espera todas las noches cuando,
a la cabecera de la cama de un niño, pronunciamos las palabras mágicas:
"Érase una
vez...".
Cómo
narrar los cuentos
El cuento
debe narrarse siempre de la misma forma. Nada irrita más a los niños, que tienen
una memoria asombrosa, que se les cambien detalles o personajes, aunque éstos
sean secundarios. Empecemos siempre de la misma manera: "Había una vez..." o
bien "Érase una vez...". Sería conveniente agregar "en un tiempo que no era
nuestro tiempo...", para que los niños capten el aroma mágico o intemporal desde
el comienzo.
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No hay que
temer que el niño se canse de oír un cuento una y otra vez: siempre le parecerá
escucharlo por vez primera; ni tampoco hay que extrañarse de que el niño nos
pida que repitamos un cuento muchos días seguidos: tal vez ese particular relato
contenga situaciones que le afectan particularmente.
Al
finalizar, procuremos afirmar la sensación mágica, diciendo: "y si pudiéramos
encontrar el castillo, veríamos allí al príncipe y a la princesa ahora...", o
bien: "el que contó esto, estuvo presente el día de sus bodas...". Dejémonos
llevar por la emoción del relato: que nuestras expresiones sigan la alegría o la
tristeza del cuento y que nuestra voz suba o baje de tono de acuerdo al
personaje que habla. Y jamás expliquemos a un niño por qué, racionalmente, el
cuento de hadas es tan bello. Le quitaríamos la ilusión.
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Simbolismo
psicoanalítico de los cuentos de
hadas
Bruno
Bettelheim, psicoanalista y profundo conocedor de los cuentos de hadas, dice que
un niño por debajo de la edad escolar no es capaz de captar explicaciones
científicas que requieran un pensamiento objetivo. Así pues, el niño
experimentará el mundo a semejanza de sus padres y de lo que ocurra en el seno
de su familia. Ni las proyecciones infantiles ni la dependencia en las imágenes
protectoras, tales como el ángel de la guarda, nos darán una seguridad absoluta,
pero visto que uno no podrá proporcionársela, es preferible utilizar las
imágenes y proyecciones que carecer de seguridad.
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A partir de
los cinco años, aproximadamente, ningún niño considera estas historias como
reales, pero de todas formas siguen cumpliendo sus necesidades
internas.
El hecho de
encontrar una tinaja o una botella, como en 'El espíritu de la
botella', o de
proteger a un animal o ser protegido por él, como en 'El gato con botas', son circunstancias cotidianas
que, al convertirse en grandes cosas, animan al niño a que piense que sus
pequeñas hazañas reales son verdaderamente importantes, aunque en un primer
momento le parezca mentira.
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Problemas
edípicos
En
'Blancanieves', el personaje femenino que siente celos no es la madre, sino la
madrastra; de este modo se desplaza la agresividad de la psiquis materna hacia
otra psiquis ajena y los problemas edípicos quedan limitados al poder de nuestra
imaginación.
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Cuando la
reina se pincha un dedo, la inocencia sexual (la nieve) y la pureza contrastan
con el deseo sexual simbolizado por la sangre roja. Los cuentos de hadas
preparan al niño para que acepte el trauma de la primera menstruación o, más
tarde, de la primera relación sexual.
Los
cazadores ('Blancanieves', 'Caperucita Roja') simbolizan la figura paterna protectora que, actuando como padre
sustituto, se arriesga a contradecir los deseos de la madre perversa y salva a
la niña.
En
'Cenicienta', el fogón simboliza la madre y el vivir cubierta de cenizas puede ser
símbolo de los esfuerzos por mantener la relación con la madre o volver a
ella.
Y así se
podría seguir indefinidamente, pues los cuentos de hadas son ricos en símbolos
de todos los tipos.
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La
violencia en los cuentos
¿Por qué la
violencia de los cuentos de hadas no cala en los niños? No se puede negar que
hay violencia y mucha: Barba Azul guarda los cadáveres ensangrentados de sus
esposas, el ogro del cuento se ha comido ya antes a varios niños y luego,
engañado, se come a sus hijas...
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Pero la
maldad y la violencia nunca dejan de ser castigadas. El malo es siempre malo y
es castigado. El bueno es siempre bueno y es recompensado. No hay personajes ambivalentes, que
tanto desconciertan e inquietan al niño. Cenicienta, Blancanieves, La Bella
Durmiente, son ejemplos de dulzura femenina. Pulgarcito, El sastrecillo
valiente, los siete cabritillos, están repletos de astucias para salir de los aprietos,
pero ninguno de estos héroes es violento. Los personajes ambivalentes, con
bondad/odio/agresión cambiante y recurrente, tipo James Bond, con licencia para
matar, no tienen lugar en los cuentos de hadas.
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La
Cenicienta en distintas versiones
La
universalidad de los cuentos de hadas, cuyas temáticas aparecen bajo distintas
formas en las diversas culturas, demuestra su profundo significado. Para C.G.
Jung, el eminente psicoanalista, "estas imágenes-fantasía tienen sus análogos cercanos en
los tipos mitológicos, debemos por lo tanto presumir que corresponden a ciertos
elementos estructurales colectivos de la psiquis humana y que, como los
elementos morfológicos del cuerpo humano, son heredados". Para los esoteristas, los
cuentos serían manifestación de la tradición, de todo aquello que ha sido
inspirado al ser humano por una sabiduría superior y sobrenatural.
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La primera
versión de 'La Cenicienta' en la que se menciona la predilección por el pie
pequeño de la heroína es la china, recopilada por Tuan Ch'eng Shih a mediados
del siglo IX, setecientos años antes de la primera versión escrita de Occidente.
Sheh Hsein, obligada a realizar las más duras tareas del hogar, captura un pez
que cuida amorosamente. Al enterarse, la malvada madrastra pesca y se come el
pez. Aconsejada por un extraño personaje vestido con ropas burdas, la joven se
lleva a su cuarto las espinas del pez, que toma el carácter de un animal
protector, concediéndole a la niña los deseos que la hacen vestirse lujosamente
y entrar en posesión de los zapatos dorados que la llevarán a casarse con el
rey.
Una
Cenicienta hindú, llamada Hanchi, debe alejarse de su casa, pues es tan hermosa
que hasta su propio hermano la requiere de amores. Cubriéndose con una máscara
para ocultar su hermosura, entra al servicio del hijo del rey como humilde
sirvienta. Pero el príncipe descubre a Hanchi sin su máscara tomando su baño y,
prendado de su belleza, no duda en desposarla. Una versión que conecta asimismo
con 'Piel de
Asno' de
Perrault.
La
Cenicienta javanesa se llama Kleting Kuning y, obligada a realizar los más
humildes menesteres mientras sus hermanas viven en el lujo, ruega a Alá que la
ayude. El socorro sobrenatural llega en forma de una cigüeña, que primero
realiza las tareas que corresponden a la niña y luego la deja una hoja de
cocotero mágica. Gracias a esta hoja, puede llegar a poseer los vestidos
hermosos que le permiten acceder a palacio y casarse con el
príncipe.
Marie-Louise von Franz, discípula de Jung, analiza la versión rusa, en
la que Cenicienta se llama Vassilissa. En este caso, la madre agonizante entrega
a la niña una muñeca. Cuando Vassilissa se ve obligada a realizar las duras
tareas habituales del cuento, la muñeca le ayuda. Según von Franz, el arquetipo
positivo de la madre muere, pero permanece en la figura de la muñeca,
representando la esencia más profunda de la figura materna, pero no su lado
humano. Finalmente, Vassilissa es capaz, gracias a la ayuda de su muñeca mágica,
de tejer una tela tan fina que constituye un regalo verdaderamente regio. Como
tal es ofrecido al rey, quien desea conocer a tan maravillosa tejedora. La
belleza de la niña cautiva de tal forma al monarca que no duda en hacerla su
esposa.
Otro
ejemplo importante está representado por la Cenicienta zulú. En este caso, el
nombre de la niña es Untombi-Yapanski. Perseguida por su celoso hermano, que
quiere darle muerte, pide a la Tierra que se abra y la oculte. Así sucede, y
nuestra Cenicienta zulú se encuentra en un mundo subterráneo, donde los hermosos
vestidos surgen de la tierra, permitiéndola adornarse y convertirse de este modo
en la esposa del rey. |
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