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EL LENGUAJE OCULTO DEL CUERPO


La facultad del habla es sólo un pequeño recurso más en el complejo proceso de comunicación empleado por los humanos. Contra lo que se piensa comúnmente, no es el más importante. Nuestro cuerpo entero es el mensaje. Su riqueza expresiva le convierte en el más perfecto sistema de comunicación conocido.


Un roce al paso, una mirada fugaz
entre las sombras, bastan para que el
cuerpo se abra en dos, ávido de recibir en sí
mismo otro cuerpo que sueñe.
Los placeres prohibidos
Luis Cernuda


Del deseo sexual y la pasión hasta el odio, pasando por la amistad, no hay mensaje que nuestro cuerpo no pueda expresar sin emitir un solo sonido. Nos delatamos cuando las palabras afirman pero la cabeza niega. Cambian los rasgos de las personas enamoradas, hay posturas que insinúan el acercamiento y gestos que eluden el contacto. El mundo, silencioso pero expresivo, de los gestos, miradas, roces y movimientos, constituye un código de comunicación no verbal estudiado a fondo por los especialistas. A partir de los años 50, psiquiatras, antropólogos, psicólogos y sociólogos han llegado a elaborar el alfabeto básico de esta ciencia, considerada hasta entonces como una especialidad esotérica.


"Las variaciones excitantes y continuas de la textura de la piel durante el acto del amor, así como la cualidad aterciopelada de la subsiguiente satisfacción, son mensajes que se transmiten de un cuerpo a otro y poseen un significado universal", afirma el antropólogo E. Hall. El tacto es vital en el sexo: la piel desnuda se convierte en un código secreto comunicativo e intenso. Quienes intentan el acercamiento sexual, o el simple flirteo, se miran siempre de una manera muy especial. Los cuerpos tienden a sentarse de frente, de forma que brazos y piernas construyen un muro inexpugnable para los demás, obstaculizando la presencia de extraños e inoportunos visitantes. Aunque no se dé lugar al contacto físico, aparece un tacto de sustitución, que se expresa cuando ella o él deslizan suavemente un dedo por el borde de la copa, o trazan desdibujadas figuras sobre el mantel. "Será que te embellece ser feliz", canta Aute, y es que el rostro en esos momentos es más vivaz, los rasgos se suavizan, la mirada se hace más brillante y más erguidas las posturas. El cuerpo habla en nuestro lugar. Cuando una mujer desea evitar el acercamiento, se sienta rígidamente, cruzando brazos y piernas, haciendo gala de una colección de gestos defensivos. El roce de una mano en otra mano, un brazo por encima de los hombros, un apretón en el codo, son el vehículo más rápido y directo para transmitir lo que sentimos por la otra persona. Pero, ¡cuidado!, tocar a alguien equivocadamente puede implicar el más rotundo y rápido rechazo.


A veces, el sentido del tacto es la única forma de comunicación, empleado como terapia cuando existen problemas de inmovilismo físico y mental en personas que restringen exageradamente el contacto corporal.


Con cierta frecuencia, se produce una mala relación entre los estados emocionales y sus manifestaciones físicas: lo que decimos no está de acuerdo con lo que nuestro cuerpo comunica.






Los mensajes de los ojos

Los ojos actúan como dardos que disparan el bien o el mal. Mirar o no mirar. ¿Cuánto tiempo podemos mirar sin molestar? Porque en algunas culturas existe el tabú de la mirada fija. En el Lejano Oriente, los ojos rehúyen el contacto directo, mientras que en los países árabes lo más correcto y deseado es mirarse fijamente. En Occidente, no está bien considerado mirar con insistencia a los desconocidos. Desviamos los ojos como señal de que no deseamos invadir la intimidad de otros. Los estudios demuestran que se acelera de forma apreciable el ritmo cardíaco de personas que son miradas insistentemente. En la Edad Media, las mujeres se dilataban la pupila gracias al empleo de la belladona para parecer más atractivas. Y, en la actualidad, se ha comprobado experimentalmente que la pupila se dilata cuando nos agrada la visión de lo que contemplamos. Existe, por lo tanto, y realmente, una relación entre el tamaño de la pupila y la actividad mental. Se han realizado pruebas en las que a las personas elegidas se les entregaba una colección de fotografías de rostros humanos para que escogieran libremente entre ellas. Las preferidas eran aquellas en que la pupila aparecía dilatada. Y es que ese pequeño y negro pozo que perfora el iris, es afectado tanto por las imágenes como por el gusto y el sonido, según las conclusiones del psicólogo Eckhard Hess.


La mujer mira más que el hombre, así como quien busca afecto. Es más difícil mentir mirando a los ojos, que taladran el pensamiento, que vigilan.


Un personaje de la novela '1984', de George Orwell, se traiciona a sí mismo dejando que su rostro exprese pensamientos prohibidos por el temido dictador. Éste lo sabe todo, todo lo controla y le condena por un simple gesto de su cara. Y es que no hay otra parte del cuerpo con mayor expresividad. La nariz se frunce, y junto con los movimientos de boca y mejillas, dejamos traslucir nuestro disgusto. Miedo a través de ojos y párpados, o tristeza derramada por cejas y frente. Pero a veces es la felicidad la que se adueña de mejillas, boca, frente y cejas. Y es la tremenda sorpresa la que acapara hasta el último centímetro de rostro.




Morderse las uñas, guiñar repetidamente los ojos o carraspear, forman parte del repertorio de tics o movimientos nerviosos e incontrolables que sufren numerosas personas. En realidad, no son otra cosa que el alivio de una gran tensión interna, que se expande, sobre todo, por los músculos de cara, cuello y parte superior del tronco. Son gestos involuntarios que convierten en víctimas a personas muy nerviosas o que viven situaciones de crisis. Estirar el cuello, según los psicólogos, expresa ansias de destacar y también una compensación del complejo de inferioridad. Fruncen el ceño quienes encierran una gran agresividad, especialmente cuando se sienten frustrados. Sin embargo, los especialistas los consideran positivos para el organismo, pues son su válvula de escape.

Todos sufrimos los movimientos repetitivos o "rituales" en situaciones de tensión nerviosa: mirar una y otra vez el reloj, tocarnos una oreja, cruzar y descruzar las piernas... Las emociones se corresponden, de la misma forma, con determinadas reacciones fisiológicas. El miedo intenso y la ansiedad producen dilatación de las pupilas, sudoración, erección del cabello y aumento del ritmo cardíaco, la presión sanguínea y el nivel de glucosa. El rostro se enrojece al sentir vergüenza.

Sin necesidad de emitir una sola sílaba, el organismo lanza el mensaje de socorro cuando se padece algún trastorno mental. En los casos de depresión inhibida, la expresión facial rezuma tristeza, a la vez que los movimientos corporales son pobres y lentos. Intensos resultan también los signos externos de uno de los males frecuentes de nuestra época, el estrés. La frecuencia de los latidos aumenta, así como la tensión arterial. Se produce dilatación pupilar, sudoración, palidez, temblor, mientras es cada vez mayor la tensión muscular. Parece como si el cuerpo estuviera en alerta, temiendo un ataque, y se preparara para la defensa o la huida. Los casos extremos, como la esquizofrenia catatónica, producen una grave anormalidad de la conducta motora, y se presenta de diversas formas. En la "agitada", el movimiento de quien la padece es continuo, sin tregua ni reposo. A veces, los enfermos no hablan, y su expresión facial es la de una máscara que mira fija, inexpresivamente. Ésta es la modalidad "estuporosa". Y por último, la "estabilidad cérea" es la muestra de aquellos que no son capaces de moverse de forma autónoma: se quedan como son colocados, asemejando auténticas figuras de cera.




La falta de espacio influye de forma significativa en las decisiones humanas. Así, los hombres aglomerados en una habitación pequeña se muestran más desconfiados y combativos. Si se trata de un jurado, su veredicto es más estricto. Sin embargo, el sexo femenino reacciona de forma diferente. Las mujeres, en la misma situación de opresión física, se hacen más amigas e intiman más.

El espacio íntimo

Todas las personas poseemos alrededor del cuerpo una zona que forma el "espacio íntimo", y que permitimos traspasar según quién sea la persona que se aproxima. Depende de las culturas y también de la propia persona. Existe la "distancia agresiva" que nos incomoda, porque sentimos que nuestro espacio íntimo ha sido invadido. Los pueblos mediterráneos se acercan más para conversar, mientras que los estadounidenses prefieren la ausencia de contacto por su pasado puritano, como afirma la escritora Flora Davis. Cada personalidad requiere su distancia. Según el investigador John L. Williams, los introvertidos necesitan durante una conversación mantener mayor alejamiento que los extrovertidos. Tampoco es igual hablar con una persona del mismo sexo que de distinto. Cuando una mujer penetra en el espacio de un hombre, encuentra una serie de señales distintas de si fuera el territorio de otra mujer. El cuerpo de las personas baila continuamente al mismo compás de lo que está expresando verbalmente. Se mueven las manos, los dedos. Se producen cabeceos de afirmación o negación, parpadeos. Todos siguen el mismo ritmo.


Mis ligues

Escuchar bailando

También quien escucha se mueve al mismo compás. Es la "sincronía interaccional", ni más ni menos que un ritmo compartido. Las posturas se pueden interpretar como cualquier otro gesto del cuerpo. Son congruentes cuando quienes se comunican comparten el mismo punto de vista, y expresan la misma sincronía. Existen posturas que dejan traslucir enfado o discusión, aunque no captemos ni una sola palabra. De pronto, alguien extiende un brazo o una pierna con el único fin de establecer los límites, queriendo expresar silenciosamente que ahí está su espacio infranqueable. Es típica la postura de inclinarse hacia adelante cuando se está a favor de lo que se está oyendo o diciendo, y echarse hacia atrás en el caso contrario. Los psicólogos han dado testimonio del mensaje de estos gestos, cuando comprobaron en un juicio que el abogado defensor protestaba porque, cuando hablaba el fiscal, el juez inclinaba su cuerpo hacia adelante, y para atrás cuando lo hacía el defensor. Según algunos etnólogos, hay posturas de saludo universales, como la sonrisa entre dos amigos que se ven a distancia. Pero el contacto varía: darse la mano, palmearse la espalda, besarse. En el Golfo de Bengala, los amigos y parientes que no han mantenido contacto físico durante un tiempo considerable, se sientan uno en el regazo del otro, se abrazan y lloran, relata W. Le Barre. La forma de saludo nos informa también sobre el grado de intimidad, y si hay una relación superior-subordinado. Algo tan sencillo como dar la mano puede expresar autoridad sobre el otro. Cuando las personas se sienten a gusto, se acercan más entre sí, la mirada es más intensa, y los brazos y el cuerpo se notan más abiertos. Se tocan más, las posiciones se relajan, y las expresiones faciales se advierten más positivas. Hay otros gestos y movimientos en esta comunicación no verbal, propios de un ambiente incómodo, en el que se mira hacia los lados, los interlocutores se echan para atrás, se mueve negativamente la cabeza, y se frunce el entrecejo. Las manos adquieren vida propia cuando, en momentos de tensión, se aprietan o juguetean incansablemente. Y si existe dificultad para expresarse verbalmente, se mueven todavía más. También se gesticula abundantemente si se quiere agradar, a la vez que se sonríe. Como la gesticulación depende de la pertenencia a una determinada cultura o país, hay personas bilingües que cambian de gestos según el idioma que estén empleando. Otros conservan los mismos signos no verbales, y la lengua se oye con los gestos cambiados, forzados.


¿Cómo descubrir a un mentiroso?

Según el psicólogo Paul Ekman, las expresiones faciales que delatan al que miente son universales y, basándose en el estudio de niños ciegos, llegó a elaborar una especie de atlas del rostro humano, el llamado FAST (
Facial Affect Scoring Technique). Las personas que mienten realizan menos gestos de los habituales, movimientos nerviosos, sus rostros se crispan, se pasan la lengua por los labios y se frotan los ojos o se rascan. Y se encuentran con una dificultad para ocultar que mienten: no saben cuándo debe aparecer el gesto de disimulo ni cuánto debe durar, luchando por intentar borrar la mentira de sus caras. Cuando no es la mentira el signo visible, sino el miedo a mostrarnos como realmente somos, el rostro es una máscara. Hay una sonrisa que oculta el alma, que elimina todo rasgo de humanidad y se convierte en una auténtica tortura para quienes nos rodean. Esta máscara que les roba a los demás nuestro auténtico rostro, es la defensa que empleamos en situaciones que pueden ser comprometedoras. Intentamos limitar al máximo nuestro repertorio de gestos y movimientos, porque sentimos pánico ante la idea de que el lenguaje de nuestro cuerpo nos delate. Como cuando se considera que "no es decente mirar", intentando así eliminar el aspecto visual del sexo.


¿Cómo nos movemos?

La persona con pobre desarrollo del lenguaje corporal se muestra desgarbada, sin gracia, torpe, con poca fluidez en los movimientos del cuerpo. Es el típico manazas que todo lo rompe y, se ponga lo que se ponga, todo le sienta mal. Ello se debe a que durante la infancia ha recibido escasos contactos corporales, y siente poco su cuerpo.


Los que sí han desarrollado este sentido aparecen como la imagen típica del cuerpo elástico, con ritmo, armonía y gracia de movimientos. Por supuesto, se inclinan más hacia la danza y el teatro. El alfabeto de la kinesia posee tanta fuerza que es posible hacer hablar a los animales. Los investigadores de la Universidad de Nevada, R. Allen y Beatrice Gardner, enseñaron a una joven chimpancé el lenguaje de signos de los sordos. El animal logró aprender hasta treinta señales. Aunque otros científicos señalan que el lenguaje corporal no es algo nuevo, ya que existen las danzas de galanteo de algunas aves, y el aviso de miel en las abejas, lo importante de los investigadores de Nevada es que enseñaron un determinado lenguaje a la chimpancé, y ésta supo imitar las señales conociendo lo que significaban.

Chorradas del mundo


La psiquiatría concede gran importancia al lenguaje corporal como medio de curar problemas mentales. La técnica empleada consiste en filmar a los pacientes cuando hablan para, posteriormente, proyectarles la película. De esta forma, se dan cuenta de cómo, frecuentemente, sus posturas contradicen los mensajes verbales. Cuando una persona tiene conciencia de lo que hace con su cuerpo, se comprende mejor a sí misma, de una forma más profunda y significativa. El control del lenguaje del cuerpo puede ser la mejor arma para derribar el muro defensivo con el que muchos se rodean.

Observemos a partir de ahora. Intentemos, con este alfabeto silencioso, romper la cáscara que nos aisla, a nuestro pesar, de unas positivas relaciones humanas. Podemos incluso jugar al desafiante juego de las miradas, rompiendo la barrera del tiempo considerado como convencional, y comprobar cuál es el efecto. Olfato, vista, tacto, contestando a la llamada para el conocimiento personal y próximo. Diciéndonos, en definitiva: "Aquí estoy, mírame y tómame de la mano."

Códigos de olores

El adyecto e inteligente protagonista de la novela 'El perfume', de Patrick Süskind, carecía de cualquier olor corporal. En ello residía su característica más representativa y diferente. Un perfumista genial, amoral y perverso, sin olor propio dentro de un maremágnum de aromas sin fin. En la sociedad occidental actual, huimos desesperadamente de los olores corporales naturales. Tememos el mal aliento, los efluvios de los órganos sexuales, los olores del hogar... Los aromas corpóreos son sustituidos por otros elaborados, como perfumes, desodorantes, dentífricos. La antropóloga Margaret Mead afirma que la fobia a los olores en los Estados Unidos se debe a la mezcla étnica. En el lado opuesto, los árabes consideran que, acercarse al otro, hasta percibir su aliento, es un mensaje de amistad y cortesía. Hay quienes poseen una capacidad olfativa asombrosa. El lenguaje del olfato puede llegar a ser tan poderoso que nos lleve a rechazar a alguien, o nos haga viajar a través del tiempo y del espacio al percibir un olor familiar en otra época y en otro lugar.


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