| En la época de la
Reconquista española, Fernando III, el Santo, contó con la ayuda de un noble caballero
(Álvar
Fáñez -alias el Mozo-) para asistirle en la toma de Úbeda, hacia el año 1234.
Parece ser que el noble
se presentó después de efectuada la toma de la villa jienense
a
los almohades, poniendo como
disculpa que se había perdido por los cerros de Úbeda. La
frase fue tomada irónicamente por
los cortesanos, pues los cerros de Úbeda,
aunque tienen entidad, no son lo suficientemente
grandes como para justificar el extravío
de nadie y se perpetuó
como signo de cobardía (aunque con
el paso del tiempo esta acepción se
ha ido transformando en evasión y
dispersión). -Una versión
más romántica del mismo hecho cuenta que en realidad Álvar
Fáñez se había prendado
de una mora, y por eso se ausentó del ataque,
al estar citado a la misma hora con su enamorada.-
Sea
como fuere, así surgió esta locución,
que en la actualidad se usa para decir que alguien está extraviado o perdido,
y que también se aplica al que al
hablar se
desvía del tema que se está
tratando o se despista con divagaciones innecesarias
dando a entender que uno habla fuera de
propósito o disparatadamente.
(Otros
significados de esta expresión que
se han perdido
durante los siglos de evolución de
la frase... En Don Quijote de la Mancha, en
el capítulo XXXIII, Sancho Panza
dice a Dulcinea: "(...) conviene a
saber: lo del encanto de mi señora doña
Dulcinea, que le he dado a entender que
está encantada, no siendo más
verdad que por los cerros de Úbeda."
Aquí la mención a estos
cerros quiere decir, según la RAE:
estando muy lejos de la verdad. En otro
de los capítulos de la gran obra
de Cervantes, el LVII, vuelve Sancho, respondiendo
a una pregunta de Don Quijote, a echar mano
de la misma locución: "Los tres tocadores
sí llevo, pero las ligas, como por
los cerros de Úbeda", para referirse
a: en modo alguno, como si las ligas se
hubieran ido por caminos inexistentes.)
|