| Ser la
carabina de Ambrosio significa no servir para nada. ¿Pero quién fue el tal
Ambrosio del dicho proverbial? No se sabe. Una leyenda
poco fiable dice que Ambrosio era un mísero labriego de origen sevillano
que vivió a principios del
siglo XIX. Debido a que las faenas agrícolas no le marchaban bien, el hombre
decidió cambiar los aperos de labranza por una carabina y echarse al monte. En
su nuevo oficio de bandolero y salteador de caminos tampoco consiguió fortuna.
Ambrosio era un hombre menguado de carácter y tan bonachón que a cuantos
caminantes detenía lo tomaban a broma. El pobre caco echaba la culpa de sus
desdenes a la carabina que portaba, ya que no infundía respeto (y a la
que cargaba
con cañamones y sin pólvora).
-Por cierto que, si
a la frase se le añade la coletilla
"colgada de un clavo", eso es ya el colmo
de la inutilidad.-
Se
debe comentar que a finales del mismo siglo
se puso de moda la palabra 'carabina' para
referirse a esa señorita de compañía
que los padres de la buena sociedad imponían
a sus hijas en edad casadera para garantizar la moralidad
de éstas en su trato con el sexo masculino
cada
vez que salían de casa (para ir a
la iglesia, al parque...) -Sabemos que
esta carabina surge relacionada con la de
Ambrosio por su manifiesta ineficacia en
el intento de garantizar la moralidad de
las jóvenes, pues los
galanes de la época siempre se las
ingeniaban para alcanzar el objetivo de
enamorar a la doncella de sus sueños.
Para lograrlo primero buscaban ganarse
la confianza de esa especie de niñera
inane, después ya todo era
fácil.- Es probable que con
la aparición de estas inútiles
carabinas de compañía se reactivase
la expresión la carabina de Ambrosio
que ya existía en nuestra lengua
caracterizada por su ineptitud, aunque
es bien
cierto que fue con los escritores de finales
de siglo cuando la frase aparece con más
frecuencia.
La mención más
antigua de esta famosa carabina aparece
en 'Historia del famoso predicador
fray Gerundio de Campazas, alias Zotes'
(1758) de José
Francisco de Isla: "Porque
este modo de citarle se me representa una
cosa muy parecida a la carabina de Ambrosio".
También aparece en 'Cartas
desde mi Celda' (1864) de Gustavo
Adolfo Bécquer: "Sin
hacer más caso de las poéticas
bellezas de la alborada que de la carabina
de Ambrosio";
en 'Miau' (1888) de Benito
Pérez Galdós: "Carolina
Pez es una señora honrada, es decir,
para el caso [se trata de pedirle una recomendación
para entrar en un ministerio] la carabina
de Ambrosio";
y en 'Juanita la Larga' (1895)
de Valera:
"La aprobación
y el aplauso que V. E. dice que me daba
eran tan ocultos como inútiles; eran
la carabina de Ambrosio".
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