| El vocablo 'birlibirloque' (una
abreviación de birliquibirloque,
fórmula de creación expresiva)
tiene su origen en el verbo birlar, que en el juego de los bolos significa tirar
por segunda vez la bola desde
el punto donde paró la primera, que,
como suele ser cercano a los bolos, proporciona
el derribar muchos. Vulgarmente, este verbo también equivale a hurtar a uno
algo valiéndose de alguna intriga. En germanía o caló (jerga
secreta de ladrones y rufianes utilizada
en los siglos XVI y XVII),
'birlo' o 'birlesco' significa ladrón, y 'birlar' o 'birloche'
estafar, que a diferencia del hurto conlleva
una preparación más meditada
y con un contacto verbal con la víctima,
ya que se hurta pero a través de
engaños. Se puede presumir pues que por arte de
birlibirloque (loc. fam. de significado
igual a "por medios ocultos y extraordinarios")
es una frase equivalente a dejarse hurtar o estafar de repente por
un hábil ladronzuelo que actúa ante el engañado sin que
éste lo perciba, empleada igualmente
cuando sucede una cosa sin
que se sepa de qué forma ha ocurrido
(de manera casi mágica e inesperada
ya que se
realiza
algo extraño o inimaginable, como
si se hubieran empleado artes de magia).
Es
una expresión cuyo origen reside
en un juego de palabras -como el que se
emplea en la magia "abracadabra"-,
pero lo singular de ella es el término birlibirloque,
que en el idioma español no tiene uso más
que en esta construcción -por sí
mismo carece de significado-, y aparece con
frecuencia en las mejores páginas
de la literatura castellana. Así,
escribe Gonzalo Torrente Ballester
en su novela 'La saga/fuga de J. B.': "Como era
su costumbre, don Torcuato tenía
la chistera puesta, así que ellos
no se quitaron las suyas, sino sólo
las capas y los gabanes, que, entregados
a uno de los artefactos de su invención
de que don Torcuato tenía la casa
llena, desaparecieron camino de las perchas
como por arte de birlibirloque".
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