| Esta
expresión se emplea familiarmente para ponderar cualquier dificultad
invencible o cuando se da a entender que alguien no hace caso o que se desentiende
de algo.
La
procedencia del dicho es poco conocida.
Una curiosa versión apunta que hace
mucho tiempo vivía en tierra de León (España) un judío converso cuya esposa se llamaba
Catalina. La mujer sentía una verdadera fascinación por el arroz, hasta el
extremo de que lo recomendaba como remedio universal de todos los
males.
Un día
Catalina cayó enferma y, como rechazaba todas las pócimas y medicinas que le
facilitaban, los familiares decidieron ofrecerle un plato de arroz. Pero
Catalina tampoco lo quiso tomar. Para animarla, los parientes desesperados
empezaron a recitar a coro, una y otra vez, la siguiente frase: "¡Que si quieres
arroz, Catalina!".
Pero fue en
vano. La mujer se negó a probar su alimento, antes predilecto, y
murió. |