| Esta
exclamación, que se utiliza para dar por terminada una cosa, tiene su origen en
una conseja situada en el pueblo español de Pitres. Hace siglos, dos clérigos de este
municipio granadino, aspirantes a una plaza de capellán, hicieron una apuesta a
ver cuál de ellos celebraba la Santa Misa en el menor tiempo
posible. (Se
ve que ambos deseaban ser curas castrenses
y como la vida militar en campaña
exige brevedad y diligencia se hizo un concurso...)
Tras
concluir los preparativos para el desafío religioso y mientras se aproximaban al
altar, uno de los curas inició la misa diciendo: "Ite, Missa est", fórmula
litúrgica que precedía a la bendición final. El otro, impasible,
viendo
que le habían tomado ventaja, se giró hacia
el monaguillo que sujetaba la vela y exclamó: "¡apaga y vámonos!, que ya está
dicha la misa".
-Aparte de usarse este dicho
para dar a entender que en cierto lugar
nada queda por hacer y está todo
terminado (y apagar la luz y después
irse es lo que uno hace cuando se abandona
una estancia), también se emplea cuando
se oye o ve asunto disparatado y absurdo
o si se está obligado a desistir
en algo porque aquello no tiene solución (y
cuando uno ceja en su empeño es como
si se apagase la luz interior y ésta
se fuera a otra parte).-
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