| Cuando
éramos niños, y los padres nos
negaban diez centavos de fulgor, a nosotros nos
gustaba desterrarnos a los parques, para
que viéramos que hacíamos
falta, y caminaran tras su corazón hasta
volverse más humildes y pequeños
que nosotros.
¡Entonces
era hermoso regresar!
Pero
un día parten de verdad los barcos
de juguete, cruzamos corredores, vergüenzas,
años; y son las tres de la tarde y
el sol no calienta la miseria. Un impresor
misterioso pone la palabra tristeza en
la primera plana de todos los periódicos.
Ay,
un día caminando comprendemos que
estamos en una cárcel de muros que
se alejan...
Y
es imposible regresar.
Manuel
Scorza
|