| Quiero que sepas una cosa.
Tú sabes cómo es esto: si miro la luna de cristal, la rama
roja del lento otoño en mi ventana, si toco junto al fuego la impalpable ceniza o el arrugado cuerpo de la
leña, todo me lleva a ti, como si todo lo que existe, aromas, luz, metales, fueran pequeños barcos que
navegan hacia las islas tuyas que me
aguardan.
Ahora bien, si poco a poco dejas de
quererme dejaré de quererte poco a poco.
Si de pronto me olvidas no me busques que ya te habré olvidado.
Si consideras largo y loco el viento de banderas que pasa por mi vida y te decides a dejarme a la orilla del corazón en que tengo
raíces, piensa que en ese día, a esa hora levantaré los brazos y saldrán mis raíces a buscar otra tierra.
Pero si cada día, cada hora sientes que a mí estás
destinada con dulzura implacable. Si cada día sube una flor a tus labios a
buscarme, ay amor mío, ay mía, en mí todo ese fuego se repite, en mí nada se apaga ni se
olvida, mi amor se nutre de tu amor,
amada, y mientras vivas estará en tus
brazos sin salir de los míos.
Pablo
Neruda -Los versos del capitán (1952)-
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