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¡Piratas,
corsarios, filibusteros, bucaneros! ¡Todos
fueron bandidos de los mares durante mucho
tiempo! ¡Todos los navegantes temían
el abordaje de estos bandidos! ¡Cualquier
barco podía ser abordado por ellos! Pero,
¿en qué se diferencian?
Los
piratas eran los bandidos de las grandes
rutas marítimas; no tenían
ley ni rey, ni más causa que defender
que su propia avaricia. Eran hombres rudos;
pero, a su modo, los piratas eran unos "caballeros": guardaban
gran respeto a sus compañeros de
tripulación y sobre todo a su capitán.
La elección del capitán de
un buque pirata era un extraño ritual
en el que participaban todos los hombres
del barco. El capitán era elegido
democráticamente. ¡No era fácil
ser capitán de un buque pirata! (Barbarroja
fue uno de los más famosos piratas
y ha sido protagonista de miles de cuentos
y leyendas.)
Los
corsarios también ejercían
la piratería, pero dentro de una
cierta legalidad. ¡Los corsarios eran
capitanes al servicio de un rey! Para ser
corsario había que tener la patente
de corso, que era concedida por un soberano
para que atacaran a los enemigos de su reino.
La patente de corso consistía en
el permiso y apoyo de un rey para apoderarse
de cada botín que apresaban. ¡Por
eso eran grandes saqueadores! (Francis Drake
fue un famoso corsario, protegido por la
reina Isabel I de Inglaterra, que lo convirtió
en noble de la corte.)
Los
filibusteros procedían en su mayoría
de Francia. Estos bandidos se asociaban
entre sí para atacar los navíos
españoles que venían de América
cargados de mercancías. Los filibusteros
se regían por un estricto código
de la piratería: "sin botín
no hay paga"; ésta era la regla más
importante. El código de los filibusteros
regulaba el reparto del botín, que
se hacía según la categoría
de cada hombre en el barco. (Jean Laffitte
fue un célebre jefe de filibusteros.)
Bucaneros
era el nombre que recibían los piratas
ingleses que saqueaban las colonias españolas
situadas en el mar Caribe. Los bucaneros
se instalaron en la Isla de la Tortuga,
auténtico refugio de piratas. Allí
se aliaron con los filibusteros y sembraron
el terror en todas las tierras caribeñas.
(Henry Morgan estuvo al mando de un grupo
de bucaneros que asaltó numerosas
ciudades americanas, entre ellas Panamá.)
Y
ya que estamos con el tema: ¿por qué los piratas
llevaban pendiente? Durante el apogeo de
las grandes aventuras por mar, en los siglos
XVIII y XIX, los navegantes, animados por
el comercio con los países exóticos
y remotos, alcanzaron casi todos los lugares
del mundo en sus embarcaciones de vela.
Muchos de estos viajes entrañaban
serias dificultades, en especial las rutas
que pasaban por el cabo de Hornos, conocido
en aquella época como el cabo de
las Tormentas, que está situado en
el extremo meridional de América
del Sur, en la isla de Hornos. -Drake, en
1578, fue el primero en doblarlo.- Escollos,
bajíos (elevación del fondo
que impide que floten las embarcaciones
provocando que encallen),
vientos huracanados, lluvias y nieve durante
casi todo el año, y una espesa bruma
cuando las tempestades calmaban, convertían
a aquel cabo en un lugar impracticable,
incluso para los más experimentados
navegantes. Los naufragios estaban a la
orden del día. Por ello, se convirtió
en signo de suerte y pericia entre la marinería
haber logrado cruzar con vida aquel infierno.
Orgullosos de ello, y para que la hazaña
quedara reflejada de por vida, los marineros,
comerciantes, piratas y corsarios se colgaban
en una de las orejas un pendiente en forma
de aro. A este distintivo se podían
unir otros dos, que simbolizaban el paso
por el cabo de Buena Esperanza, al sur de
África, y el de York, en Oceanía.
La costumbre, que se extendió con
rapidez como símbolo de valor y temeridad,
fue también adoptada por los piratas
que asolaron las costas del Caribe durante
el siglo XIX.
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